sábado, 10 de diciembre de 2016

Cogiendo impulso...

Coger impulso, hacerse fuerte, superar el dolor, y superar los problemas y relativizar, esto entre otros muchos valores, me los ha enseñado el atletismo, superar las cosas a través de fortaleza mental, todo se puede conseguir con la mente, o bueno casi todo, jeje, lo importante es superar las dificultades de la mejor manera posible, no quedarnos estancados en el sufrimiento de una cosa que ya es pasado y no podemos arreglar, hay que aprovechar esa fuerza negativa y transformarla en positiva, para coger impulso y superarnos a nosotros, convertir el dolor en alegría, convertir las lagrimas en agua que nos sacie.
Y si algo he aprendido del atletismo, es que de todo se sale, hasta de la cosa más negra del mundo, pero todo depende de la persona y la forma de afrontar la vida los problemas y todo, esto es lo que distingue a las personas negativas de las positivas, las negativas, transforman todas las fuerzas negativas (problemas...) en cosas más graves y quedándose anclados en el mismo tema siempre, sin embargo las positivas están dispuestas a superarse, a machacar los problemas, les da igual cuanto tarden, ellas van a por todas, son felices porque se superan porque consiguen sus objetivos, superar los problemas, y no siempre es fácil.

El éxito en mi opinión es saber superarse tras un fracaso, y seguir,
Os dejo alguna cita de deportistas para analizarla:

Inténtalo de nuevo. Fracasa de nuevo. Fracasa mejor” Samuel Beckett.


Cuando experimentamos fracaso emergen distintas formas de afrontamiento las más comunes son atribuirle a otros la responsabilidad; al entrenador, al compañero, al clima, a nuestros padres, al periodismo, a la pareja;  otra es sentirnos extremadamente mal con nosotros mismos y etiquetarnos como fracasados, lo que nos lleva a dudar de nuestro talento, del trabajo que hemos hecho y le restamos valor a los resultados favorables obtenidos, tanto en entrenamientos como en competición. Primero hay que  agudizar la observación de lo que esta sucediendo en nosotros cuando sentimos  que hemos fallado ya que puede resultar difícil distinguir entre el fracaso y algo que simplemente está cambiando el rumbo de nuestras vidas, es decir, un fracaso puede ser el portal hacia el desarrollo de una nueva perspectiva, un nuevo aprendizaje o una oportunidad de desplegar respuestas creativas frente a situaciones de adversidad.

Hay que reconocer esa experiencia de fracaso, ¿rabia, pena, decepción? Y cómo es el dialogo interno que tenemos, nos etiquetamos de “fracasados”, “perdedores”, “incapaces” , con solo abrir el hueco de reconocer nuestro estado interno generamos la posibilidad de ser compasivos con nosotros mismos, es decir, conectar con el sufrimiento, flexibilizar y suavizar a ese Yo autoexigente e inquisidor. Desarrollar la curiosidad sobre las circunstancias externas y cómo nos influyen, y la emoción de las palabras que salen de nuestra boca resulta importantísimo para encausar el rendimiento desde una óptica de bienestar.


Aprender  a aceptar  la totalidad de las experiencias de la vida deportiva (triunfo y derrota) nos invita a ver un fracaso como la oportunidad de desarrollar nuestro sentido de exploración sobre lo que está ocurriendo y escuchar las historias que aparecen, “No te creas las historias que culpen a los demás, ni tampoco te creas las historias que te echan la culpa a ti mismo”.



Ir más allá de la culpa, del fracasar abrimos la posibilidad de sentirnos vulnerables pero esa misma debilidad puede convertirse en la mayor de nuestras  fortalezas a largo plazo, cuando no estamos enmascarándonos o tratando de que las circunstancias desaparezcan es donde nuestras mejores cualidades emergen y nos sorprenden.

Espero que os haya, gustado reflexionar sobre los valores del atletismo, me encanta y me ha gustado compartirlo con vosotros.

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